En ocasiones es muy necesario tirar de la hebra o dejar un tejido aparcado para mejorarlo utilizando un nuevo ovillo.

Este es un hecho que no me suele ocurrir tan a menudo o que si me ocurre suele ser en una etapa muy temprana de un nuevo diseño y el dolor se minoriza. Digamos que suelo tener suerte en esta parte de mi vida. Pero claro, esta suerte o como quieras llamarla tiene su razón de ser. Y es que en la mayoría de las ocasiones he realizado tantas ecuaciones mentales, antes de enfrentarme al diseño, que cuando lo encaro el proceso suele fluir.

Desde que empecé a tejer el diseño que me traigo entre manos hay algo que no me cuadra. No son fórmulas, no son puntos de más, no son estructuras… Simplemente, desde que le di las primeras puntadas, a la primera vuelta, algo no me gustaba. Yo seguía con ello, es normal en mí. Sigo por si acaso mis miedos e inseguridades me juegan malas pasadas. En ocasiones me pasa y resulta que luego tengo un patronaco entre manos. Y el seguir hacia delante es todo un acierto.

Pero esta vez… No me apetece ponerme con mi tejido, no encuentro el momento de enredarnos… Aún teniendo en mi cabeza todo el esquema creado para simplemente darle a la agujita y disfrutar. Pero no nos encontramos. Llevo días sabiendo qué es lo que pasa, pero lo mismo es que no quería aceptarlo.

Ayer a la mañana iba en el coche y fui consciente. “Te falta una puntada”. “Cuando vayas a enfrentarte al momento de que todo cuadre esto no va a ocurrir. Porque te falta una puntada”… “Y ya sé cuál es”.

Bueno, pensaba mi mente, en el prototipo no lo contemplo, pero lo tengo en cuenta para el proyecto definitivo. El que será base del paso a paso que realizaré para compartir con mis amigxs. Pero seguía sin apetecerme el momento de tejer.

A la tarde quería tejerlo, pero no lo deseaba. Algo seguía pasando. Cuando cayó la noche, con los horrores de la oscuridad de mi mano, me envalentoné y decidí retomar para reconocer qué es lo que estaba ocurriendo.

De pronto sentí una gozada al seguir con la trama que me proponía y crocheteé durante una hora y media. El tiempo que dura el segundo capítulo de la serie documental del archi conocido Kanye West. Las puntadas fluían y el entramado me hablaba. “Así es cómo tienes que hacerlo para que el goce no decaiga”. Pero al hacer aparición los créditos en la pantalla de la televisión lo vi todo tan claro.

Tenía que empezar de nuevo.

Realizaré esa puntada que me falta, cambiaré el tamaño de la aguja y el tipo, el color, seguramente elija otro color. Y esto estará pronto. Y lo habré conseguido.

Muud Shadow