¡Agradecida siempre!

Así es como me despierto un jueves por la mañana cualquiera. Hace calor, vuelve a llegar de nuevo el verano andaluz, y la pequeña brisa fresca que aún se adentra por mi ventana, mientras escribo en mi diario en la cama, me hace sentir bien. Recuerdo que tengo que trabajar muy duro para poder llegar hasta ti, corren tiempos difíciles y la plataforma que tanto amo no me deja crear el contenido que a mí me gustaría para seguir vibrando a tu lado.

Abro mi mail y entonces me doy cuenta. ¡¡Conito W.Darko ha vuelto a hacer de las suyas!! Te ha escrito un mail y se ha chivado de todos mis movimientos. ¡Oh, pequeño granuja! Gracias por darle voz a mi trabajo, gracias por tu forma de comunicar, gracias por ser mi alter ego y convertirte en el actor que soporta mi voz interior. Esa que siempre está bromeando, disfrutando de los pequeños detalles y que jamás observa los límites, sino que los convierte en obstáculos para saltarlos en un acto de rebeldía y deleite. Porque es en ese pequeño instante en el que te sientes flotar, que saboreas el significado de la vida. ¡¡Siendo tú me recuerdas que aquí vinimos a divertirnos!!

Claro que afecta la bajada tan grande de visibilidad que estamos experimentando en Instagram. Claro que te preguntas a diario de quién es la responsabilidad. Claro que te encantaría volver a los viejos tiempos donde abrías esa aplicación llamada Instagram y te resonaba en el interior todo el contenido que tenían tus compañeras para compartirte. Sus viajes en verano, sus pies en la playa, sus ideas locas e idas de olla, sus outfits crocheteros, sus festivales, sus ciudades, sus desayunos, sus plantas, sus manos tocando sus proyectos,…. ¡Yo que sé! Me gustaba todo de ellas. Me flipaba conocerlas y vivir experiencias a través de ellas también.

En ocasiones lo seguimos haciendo, yo personalmente es que no entiendo otra forma de hacer en esta plataforma. Quiero contarte mi vida, mis pasiones, lo que me resuena, lo que me hace explotar de emoción. Quiero regalarte risas, abrazarte si vienen malos tiempos, sentirme identificada contigo. No quiero volver a la universidad, no quiero entrar en una aplicación donde me adoctrinen, donde se pasen el día bombardeando mi cabeza para que haga 1000 texturas que encuentro en el libro que tengo en mi estantería, 20 recetas al día, cree 15 outfits en 15 segundos, monte un mueble por minuto o me compartan 100 libros que ni por asomo puedo leer este verano. Joder, quiero leerme uno al mes y le daré gracias.

Me gusta vivir slow, en mi dembow. Donde tú me enseñas qué tejes o en qué estás metida y yo te cuento que última locura se me ha ocurrido, las últimas necesidades en las que he gastado dinero o los trabajos en los que ando inmersa con aquellas marcas que están tan locas como yo y aman un contenido transparente y no buscan simples clics. Por esa razón, sigo siendo la misma y no cambio mi contenido. Porque reflexiono mucho sobre el tema, me abrazo fuerte y no permito que esas prisas de crear, crear y crear se apoderen de mí. El ejercicio es diario y requiere de constancia. Amo mi contenido y eso es lo que me resuena, hasta llego a sentir que si me resuena a mí, te resuena a ti. De ahí que si Instagram no te enseña las fotos de mi última creación prefiero hacerlo yo. Imagíname a tu lado ahora mismo gritando: ¡Gordi, mira, te lo enseño solo a ti! Nuestro secreto, ¿eh? ¡Buah, he creado una textura acojonante y divertida!

Catalina se llamaba mi abu y esta rebeca me recuerda a ella. En un principio se iba a llamar Lagom Cardigan, hasta que la fibra Silky de Rosas Crafts acarició su textura y su caída y disposición perfecta de las puntadas me hizo cambiar de opinión. Esa Rebeca se llamaba Catalina y sabía que iba a triunfar. Imposible contestar el aluvión de mensajes privados que me han pedido que por favor ponga el patrón en mi web.

Pero hoy me desperté agradecida, mis talleres de Barcelona Knits se habían agotado. ¿Cómo ha podido pasar? Si Instagram solo mostró mi foto al 10% de mi comunidad. ¡¡Ahhh!! Recuerdo que Instagram no es la realidad y que yo soy la que construye mi propia realidad. Esa en la que comparto contigo todo lo que sé, de forma consciente, a fuego lento, con un método basado en el proceso de enseñanza-aprendizaje. No busco números, te busco a ti. Tu mirada, tu compañía, tu calor. ¿Será esa la razón por la que vaya a reformar un taller que no quiero explotar económicamente sino sentimentalmente contigo?

¡Ouch, se me escapó!